Jueves, 13 Junio 2024 21:20

Lecturas poéticas con historia Destacado

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El alumnado de 4º de ESO ha visitado una de las casas con más historia de Colmenar para realizar un recorrido poético por los siglos XIX y XX. 

La casa de Diego y Encarni es mucho más que una construcción antigua en calle La Ñora, en Colmenar: es un trozo de historia conservada adrede en un alarde de amor y respeto por la tradición y la historia. Diego y Encarni llevan años restaurando este pequeño museo, un tesoro escondido en medio de una da las calles con más solera de nuestra villa. Además, Diego y Encarni son dos personas generosas y cuando les propusimos que un grupo de alumnos y alumnas de 4º de ESO visitara su casa, accedieron de inmediato.

Comenzamos la visita. Lo primero que nos llama la atención desde la entrada es la cuadra al fondo, con una ventana en la zona superior. ¿Sería así el corral donde Adela se encontraba con Pepe el Romano? ¿Se asomaría a aquella ventana María Josefa, la desconcertante madre de Bernarda Alba? ¿Sería así la casa imaginada por Federico García Lorca?

Estamos en la planta baja y nos dirigimos al salón, un auténtico viaje al siglo XIX por su decoración, su mobiliario y los retratos familiares que parecían vigilarnos desde el pasado. Imaginamos a Gustavo Adolfo Bécquer sentado a la mesa, con su hermano Valeriano, debatiendo sobre pintura y arte, y leemos la rima LII "Volverán las oscuras golondrinas". 

En la salita, nos trasladamos al París de principios del siglo XX y contemplamos en el sofá a la Carolina de Rubén Darío ("De invierno"). Subimos a la primera planta, donde nos recibe una máquina de escribir "Underwood", lo que nos ha llevado al Futurismo y a la Generación del 27, con el poema "Underwood girls" de Pedro Salinas

Bajamos hacia el patio y lo atravesamos para visitar el almacén, repleto de utensilios de antaño sobre los que Diego nos ilustra amablemente. Es el mejor lugar para mirar a lo tradicional, y leemos el poema XXIX de "Proverbios y cantares" de Antonio Machado: "Caminante, no hay camino...". 

Ya en el patio, damos paso a Rafael Alberti ("Se equivocó la paloma"). Entre un pozo blanco y un limonero leemos a Juan Ramón Jiménez ("El viaje definitivo"). ¿Hay mejor lugar para leer a Juan Ramón que un patio andaluz como el de Diego y Encarni?

Finalmente, unas escaleras nos llevan a la parte superior de la cuadra, recientemente reformada. Diego y Encarni nos han preparado con cariño un lugar para continuar recorrido poético. Nos sentamos. Recitamos a Miguel Hernández y, de nuevo, a Alberti. Diego, nuestro anfitrión, nos corresponde con una lectura: un fragmento de la carta que Albert Camus dedicó a su maestro del colegio al recibir el Premio Nobel de Literatura en 1957. 

Ha llegado la hora de irnos y queremos terminar por donde empezamos: Bernarda Alba. Ainara y Sonia representan el final de la obra.

¿Me habéis oído? ¡Silencio he dicho! ¡Silencio!

Volvemos al instituto con la sensación de llevarnos un recuerdo único y especial. Gracias, Diego y Encarni, por hacerlo posible.

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